Colombia es un país con una extensión de 1'138.910 Km2, 42’900.502 habitantes, 32 departamentos, 1098 municipios.
Ubicándonos en lo que es una de las vocaciones económicas más importantes del país, esta se resume de la siguiente manera: La Zona cafetera tiene 3'600.000 hectáreas; área sembrada de café: 869.500 hectáreas; Municipios cafeteros: 590; Caficultores: 566.000; Empleos directos: 560.000; Empleos directos e indirectos: 1'000.000; Personas dependientes del café: 2'500.000; Destino exportación: 36 países; Empleo agrícola: 37%; Aporte al PIB agrícola: 22% en Colombia.
Ser mujer y desplazada se ha convertido en sinónimo de pobreza, violencia y exclusión. Así lo revela la segunda encuesta "Salud sexual y reproductiva en zonas marginales: situación de las mujeres desplazadas", que publicó Profamilia . La vida de estas mujeres es dramática ya que, además, de ser expulsadas de sus tierras, carecen de trabajo, los índices de salud son muy bajos y viven violencia intrafamiliar.
Según el informe, menos del cuarenta por ciento (40%) de las desplazadas tienen trabajo y ni siquiera una tercera parte de ellas están afiliadas a una EPS. A pesar de que el noventa por ciento (90%) ha sido objeto de algún tipo de ayuda humanitaria del Estado y de organizaciones de la sociedad civil, tan solo un cinco por ciento (5%) ha recibido capacitación laboral y uno por ciento (1%), algún apoyo en ubicación laboral. El cuarenta por ciento (40%) de estos hogares desplazados no cuentan con ningún tipo de afiliación a la seguridad social.
Se debe partir, por el reconocimiento a nivel mundial de la calidad del café colombiano no sería posible sin el firme compromiso de los productores en el estricto control de las adecuadas prácticas de cultivo, cosecha y beneficio.
Esta labor comienza en el momento de escoger con sumo cuidado el café que se desea sembrar, de acuerdo a la oferta ambiental de la zona de producción y el tipo de caficultura, tradicional o tecnificada, que posea. También debe tener en cuenta las actividades de fertilización de suelos, el control de plantas ajenas al cultivo, el cuidado de fuentes de agua y árboles de sombrío y por supuesto el control manual y cultural de plagas y enfermedades como la broca del café.